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Cosas que solo le pasan a un médico dominicano

Entre risas, cultura y educación en salud
19 de agosto de 2025 por
Cosas que solo le pasan a un médico dominicano
Dr. Wander Santos, MD

La medicina en la República Dominicana no solo se vive en hospitales y consultorios. También se vive en las historias, en las ocurrencias de los pacientes y en esa mezcla única de cultura popular con el día a día del médico. Quien ha ejercido la medicina en nuestro país sabe que aquí no existe una consulta igual a otra. Cada paciente trae consigo no solo un diagnóstico, sino también una manera muy particular de ver la vida y de entender la salud. Y es ahí donde empiezan esas anécdotas que provocan risas, sorpresa y, al mismo tiempo, reflexión.

Hoy quiero compartir contigo algunas de esas situaciones que solo le pasan a un médico dominicano. Historias que parecen chistes, pero que al final nos dejan un aprendizaje valioso.

1. El dolor que persiste… ¡desde hace meses!

Una de las frases más comunes en consulta es:

“Doctor, yo tengo este dolor desde hace dos meses, pero hoy fue que no lo aguanté y vine.”

Y uno como médico se queda pensando: ¿Y en esos dos meses qué pasó? Pues claro, en ese tiempo hubo espacio para ir a la playa, al colmado a comprar pan, a la iglesia todos los domingos, a las fiestas patronales del barrio e incluso para hacer viajes largos en guagua y muchas veces hasta para calibrar motores… pero para ir al hospital nunca hubo chance.

Lo más curioso es que cuando finalmente llegan, esperan que con una sola pastilla o una receta rápida el problema desaparezca de inmediato, como por arte de magia. Es decir, se aguantan el dolor por ocho semanas, pero quieren la cura en ocho minutos.

Esta situación refleja algo muy típico en nuestra cultura: muchas veces postergamos la salud y le damos prioridad a todo lo demás. Vemos el dolor como algo “normal” o pensamos que “se me va a quitar solo”, hasta que el malestar se vuelve insoportable.

Educación en salud: Los síntomas persistentes nunca deben ignorarse. El dolor es una señal de alerta que el cuerpo envía para avisar que algo no anda bien. Mientras más temprano se acuda al médico, más sencillo puede ser el diagnóstico y más rápido el tratamiento. Esperar demasiado puede complicar lo que en un inicio era fácil de resolver.

2. El paciente “sano”… que toma pastillas cada ocho horas

Este es un clásico de la consulta dominicana. El diálogo suele comenzar inocente:

— “¿Usted padece alguna enfermedad?”

— “No, doctor, yo no sufro de nada.”

Hasta ahí todo parece normal. Pero a los cinco minutos, cuando uno empieza a indagar un poquito más, aparece la verdad:

— “Bueno, yo tomo una pastillita cada ocho horas para la presión… y otra para el azúcar, pero eso no es nada, doctor.”

Ahí es cuando al médico se le escapa una sonrisa. Porque, aunque el paciente diga con orgullo que está “sano”, la realidad es que si necesitas medicación diaria para controlar una condición, significa que sí tienes una enfermedad crónica.

Lo curioso es que muchos pacientes lo dicen con tanta seguridad que hasta creen que la pastilla hace desaparecer el problema como por arte de magia. No entienden que la medicación controla la condición, pero no la borra.

Este comportamiento refleja algo cultural: a veces pensamos que admitir que tenemos una enfermedad es como aceptar una derrota. Y no es así. Reconocerlo es el primer paso para cuidarse mejor.

Educación en salud:

  • Ocultar o minimizar enfermedades puede complicar el diagnóstico y hasta provocar errores en el tratamiento.
  • No se trata de “confesar un pecado”, sino de dar información clara para que el médico te ayude de la mejor manera.
  • La presión arterial alta, la diabetes, el colesterol elevado y muchas otras condiciones no se curan con silencio, se controlan con disciplina y seguimiento médico.

Así que ya sabes: si tomas medicación todos los días, no digas que estás “sano” como si nada pasara. Di con confianza lo que padeces. Tu médico no te va a juzgar, al contrario: va a agradecer tu sinceridad y podrá darte un mejor cuidado.

3. La receta de la vecina, la prima o el colmado

Si hay algo que caracteriza al dominicano es que todos tenemos un “doctor casero” cerca. Puede ser la vecina que lo sabe todo, la tía que receta antibióticos como si fueran caramelos, el primo que hizo un cursito de primeros auxilios en el colegio… o el colmadero que tiene detrás del mostrador “una pastillita que sirve pa’ cualquier cosa”.

En la consulta, uno escucha frases como:

“Doctor, yo me estaba tomando lo que le dieron a mi comadre, porque a ella le dio lo mismo.”

Y lo que para el paciente es una lógica sencilla (“si a mi comadre le funcionó, a mí también”), para el médico es un dolor de cabeza. Porque lo que le sirve a una persona puede ser peligroso para otra. El cuerpo, las condiciones médicas y hasta las dosis cambian de un paciente a otro.

El colmo es que algunos pacientes llegan al consultorio después de varios días automedicándose. En ese tiempo, el medicamento enmascara los síntomas y dificulta encontrar la causa real. Y claro, cuando el médico indica el tratamiento correcto, el paciente dice:

— “Pero doctor, ¿y no puedo seguir con lo que me estaba tomando? Eso me calmaba.”

La realidad es que esa “receta de vecina” lo único que calma es la paciencia… porque el problema de salud sigue ahí, oculto y posiblemente más complicado.

Educación en salud:

  • Automedicarse es un error frecuente y peligroso. Puede causar efectos secundarios graves, resistencia a los antibióticos o complicar el diagnóstico.
  • Cada paciente es único: la edad, el peso, los antecedentes y las condiciones médicas influyen en qué medicamento es seguro y cuál no.
  • Lo que le funcionó a tu comadre, tu tía o tu vecino no necesariamente es lo que tú necesitas.

En pocas palabras: confía en tu médico, no en la receta del colmado. Tu salud merece más que un consejo improvisado.

4. Los análisis “vintage”

Otra escena clásica de la consulta dominicana: el paciente entra con un folder que parece reliquia familiar. Lo abre con orgullo y dice:

“Doctor, mire ahí, esos son los que yo me hice.”

Cuando uno empieza a revisarlos, descubre que algunos análisis tienen fecha de hace tres, cinco o hasta diez años. Los papeles están arrugados, desteñidos por el sol, con las esquinas dobladas como si hubieran viajado en cartera, mochila y hasta en la guantera del carro durante años.

Para el paciente, esos resultados son “pruebas recientes”, porque “yo no me enfermo, doctor, mire que todavía tengo esos análisis guardados”. El problema es que en medicina, la información caduca. Un hemograma del 2015 ya no refleja cómo está tu sangre hoy, igual que un colesterol medido hace 8 años no garantiza que siga igualito en el presente.

Lo más pintoresco es que algunos pacientes llegan convencidos de que con esos exámenes viejos el médico tiene material suficiente para dar un diagnóstico actualizado. Pero la realidad es otra: cada análisis corresponde a un momento específico de tu vida, y tu cuerpo cambia constantemente.

Educación en salud:

  • Los resultados de laboratorio tienen fecha de vencimiento: no son válidos para siempre.
  • Las condiciones de salud pueden variar de un año a otro, incluso de un mes a otro.
  • Si tu médico te indica repetir los análisis, no es por capricho, es porque necesita información actualizada para conocer cómo estás ahora.

En conclusión: los análisis guardados no son colección, son historia clínica pasada. Para cuidar tu salud en el presente, lo que vale es la información fresca y precisa.

5. El paciente que ya se diagnosticó con Google

En la era digital, el Dr. Google se ha convertido en el médico más consultado del país. Antes de llamar al doctor de cabecera, muchos pacientes se sientan frente a la computadora o el celular, escriben sus síntomas en el buscador y, en cuestión de segundos, ya tienen un diagnóstico… casi siempre el peor.

En la consulta, esto se escucha a menudo:

“Doctor, yo busqué y dice que lo mío es cáncer.”

Lo curioso es que el paciente llegó con un simple dolor de cabeza o con reflujo, pero al salir de Google ya está convencido de que tiene una enfermedad grave e incurable. Y para colmo, muchos llegan con listas de posibles diagnósticos impresos o guardados en capturas de pantalla, listos para “debatir” con el médico.

Aunque pueda parecer gracioso, la realidad es que Google puede aumentar la ansiedad del paciente, crear confusión y hasta retrasar la atención médica correcta. Lo que en un inicio era un dolor manejable, termina convirtiéndose en una fuente de estrés y miedo innecesario.

Educación en salud:

  • Internet puede ser una herramienta útil para aprender sobre salud, pero no sustituye la evaluación clínica de un médico.
  • Los síntomas pueden tener múltiples causas, y solo un profesional entrenado sabe interpretar la historia clínica, el examen físico y los análisis de laboratorio.
  • Autodiagnosticarse no solo es peligroso, sino que también puede llevar a la automedicación, con todas sus consecuencias negativas.

En conclusión: Google informa, pero no diagnostica. Está bien educarse y aprender, pero el diagnóstico definitivo siempre debe venir de un médico real, con bata blanca y formación profesional, no de un buscador en línea.

6. El que “se cuida”

En cada consulta siempre aparece el paciente que asegura con orgullo:

— “Doctor, yo me cuido.”

Pero la escena se completa cuando entra con un yaniqueque en una mano y un juguito de sobre en la otra. Entonces uno se queda pensando: “¿Y este es el concepto de cuidarse?”

En la cultura dominicana, “cuidarse” muchas veces significa no exagerar demasiado: si me comí tres fritos maduros en vez de cinco, eso es cuidarse; si hoy no cené arroz, pero me comí dos panes con salami, eso también es cuidarse; y si me tomo el refresco “chiquito” en vez del grande, ya siento que hice un sacrificio por mi salud.

Lo cierto es que existe una gran diferencia entre “reducir un poquito lo que me gusta” y mantener verdaderos hábitos saludables. El cuerpo necesita más que buenas intenciones: requiere equilibrio en la alimentación, constancia en el ejercicio y disciplina en el descanso.

Educación en salud:

  • Cuidarse no es solo evitar excesos de vez en cuando. Implica tener una dieta balanceada con frutas, vegetales, proteínas y menos alimentos ultraprocesados.
  • El ejercicio es parte del cuidado. No basta con caminar hasta el colmado; se necesita actividad física regular que fortalezca el corazón y los músculos.
  • Dormir bien también es cuidarse. El descanso adecuado es tan importante como la alimentación.

En resumen: cuidarse no es un eslogan, es un estilo de vida. El yaniqueque y el juguito de sobre pueden disfrutarse de vez en cuando, claro que sí, pero no pueden ser parte del menú diario si realmente queremos hablar de salud.

7. El que “no bebe ni fuma”… pero sí lo hace

Este es uno de los clásicos más divertidos de la consulta. El médico pregunta con calma:

— “¿Usted fuma o toma alcohol?”

— “No, doctor, yo no bebo ni fumo.”

Hasta ahí todo parece perfecto. Pero basta con seguir conversando un poquito para que salga la confesión:

— “Bueno… yo me tomo una copita de ron todos los días, pero eso no es nada.”

— “Y cigarrillos… yo nada más me fumo uno o dos al día, doctor, eso no hace daño.”

Para muchos pacientes, “no bebo ni fumo” significa “no me emborracho ni me fumo una caja diaria”. La copita “para abrir el apetito” o el cigarrito “para los nervios” no se cuentan como consumo real, porque culturalmente se ven como parte de la rutina y no como un hábito dañino.

El problema es que esa “copita inocente” todos los días termina sumando litros de alcohol al mes, y ese “par de cigarrillitos” diarios acumulan toxinas que afectan los pulmones, el corazón y hasta la piel. Lo que para el paciente “no es nada”, para el cuerpo es un trabajo extra constante que tarde o temprano pasa factura.

Educación en salud:

  • Aunque sea en pequeñas cantidades, el consumo diario de alcohol o tabaco tiene consecuencias a largo plazo: hipertensión, problemas hepáticos, daño pulmonar, aumento del riesgo de cáncer, entre otros.
  • Ser sincero con tu médico sobre lo que bebes o fumas no es para que te regañen, sino para que tu atención sea más personalizada y adecuada.
  • Reconocer un hábito poco saludable es el primer paso para cambiarlo y mejorar tu calidad de vida.

En conclusión: si tomas o fumas, aunque sea poquito, dilo sin miedo. Tu médico no está para juzgarte, sino para ayudarte a vivir más y mejor.

Reflexión final: entre la risa y el aprendizaje

Ser médico en la República Dominicana no es solo diagnosticar enfermedades o recetar tratamientos; es aprender a escuchar, comprender, educar… y también reír. Cada consulta es una mezcla de ciencia, cultura y ocurrencias que, aunque nos hagan sonreír, siempre dejan enseñanzas valiosas sobre la salud y el bienestar.

Estas anécdotas, que muchas veces parecen sacadas de una comedia, reflejan la manera en que nuestra cultura entiende y maneja la salud. Nos recuerdan que ser responsable con nuestro cuerpo implica algo más que ir al médico cuando el dolor se vuelve insoportable. También significa mantener hábitos diarios saludables, ser sinceros con los profesionales de la salud y evitar soluciones rápidas como la automedicación o los consejos no verificados de familiares y vecinos.

Algunas lecciones claves que podemos extraer de estas experiencias son:

  • Consultar al médico de manera preventiva, antes de que los síntomas se agraven. La detección temprana siempre mejora los resultados.
  • Ser honestos con nuestra historia clínica y hábitos, desde la alimentación hasta el consumo de alcohol o tabaco. La transparencia permite un diagnóstico más preciso y un tratamiento más eficaz.
  • Evitar la automedicación. Cada paciente es único, y lo que funciona para otro puede ser peligroso para ti.
  • Adoptar hábitos realmente saludables y sostenibles, que incluyan una alimentación balanceada, ejercicio regular, descanso adecuado y chequeos periódicos.

La medicina dominicana tiene su propio ritmo, sabor y humor, y esas peculiaridades hacen que cada día en consulta sea una experiencia única. Pero más allá de la diversión, estas situaciones nos invitan a ser más conscientes y responsables con nuestra salud.

En pocas palabras: la salud es un tesoro, y cuidarla depende de la responsabilidad de cada uno. Escuchar a tu cuerpo, acudir a un médico de confianza y mantener hábitos saludables son pasos sencillos, pero poderosos, para vivir una vida más larga, plena y con menos complicaciones.

Porque al final, entre las risas y las historias pintorescas, la verdadera enseñanza es cuidar de ti mismo y de quienes amas.


Cosas que solo le pasan a un médico dominicano
Dr. Wander Santos, MD 19 de agosto de 2025
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