Emprender no es fácil. A menudo se habla del éxito, de las metas alcanzadas y de los logros visibles, pero detrás de cada historia de crecimiento hay un camino lleno de pruebas, silencios, decepciones y momentos en los que uno se pregunta si realmente vale la pena seguir. Yo viví eso en carne propia.
Cuando decidí emprender con SAHEZ MEDIC, lo hice movido por una necesidad real que veía todos los días: mis compañeros de medicina enfrentaban grandes dificultades para conseguir los equipos y accesorios necesarios para sus prácticas. Tenía la idea, la motivación y las ganas, pero lo que no imaginaba era la cantidad de obstáculos invisibles que aparecerían en el camino.
El primero fue la falta de apoyo. Esperaba que las personas más cercanas a mí creyeran en mi visión, pero no fue así. Algunos me miraban con desconfianza, otros con burla. Escuché frases como: eso no va a funcionar, mejor concéntrate en terminar la carrera, o no te metas en negocios en este momento. Al principio esas palabras dolían, porque uno siempre espera encontrar aliento en los suyos. Pero pronto entendí que el emprendedor debe aprender a creer en sí mismo incluso cuando nadie más lo hace.
Otro obstáculo fue la incertidumbre económica. Emprender en medio de dificultades financieras es un acto de fe. No todo sale como se planea, no siempre hay capital suficiente, y muchas veces toca comenzar con lo poco que se tiene. Hubo momentos en los que pensé en rendirme, en que la presión era tanta que sentía que no podía más. Pero cuando uno sabe que su propósito es genuino, la fe se convierte en el motor que te empuja a seguir, incluso en los días más grises.
También enfrenté el temor al fracaso. La mente te juega en contra; te dice que no estás preparado, que no tienes la experiencia suficiente, que hay otros mejores que tú. Pero descubrí que el verdadero fracaso no está en caer, sino en rendirse antes de intentarlo. Aprendí a abrazar mis errores, a ver cada tropiezo como una lección y cada caída como una oportunidad para crecer.
Emprender te enseña a ser resiliente. Te obliga a madurar emocionalmente, a gestionar tus emociones, tus miedos y tus expectativas. Hay días en que te sientes imparable, y otros en los que solo quieres desconectarte del mundo. Pero el secreto está en no detenerse, en recordar por qué empezaste, y en comprender que cada paso por pequeño que sea te acerca más a tus metas.
Miro atrás y me doy cuenta de que los obstáculos fueron mis mejores maestros. Las decepciones me enseñaron humildad, la soledad me fortaleció, las críticas me hicieron más determinado, y la falta de apoyo me impulsó a convertirme en mi propia fuente de motivación.
Hoy puedo decir con certeza que emprender no es solo construir un negocio, es construir una versión más fuerte y valiente de ti mismo.
Cada dificultad me preparó para ser quien soy, y cada duda me acercó más a mi propósito.
Por eso, si alguien que está leyendo esto está atravesando ese proceso esa etapa donde parece que nada sale bien quiero decirle algo desde el corazón:
no te rindas.
Las pruebas son parte del proceso, el silencio forma parte del crecimiento, y la fe siempre abre camino donde parece no haberlo.
Emprender me enseñó que los obstáculos no llegan para detenernos, sino para mostrarnos de qué estamos hechos.
Los obstáculos que forjan a un emprendedor